I
Las calles muestran sus esqueletos altos,
dibujan una ciudad borrosa
que se levanta en medio del vaho
y el calor;
los transeúntes,
desasidos
locos
se apresuran en buscar un lugar,
van despeinados
con las corbatas hacia atrás
y un pequeño rumor de tela
apretujada
en los muslos.
No se dan cuenta
que les hago el boca a boca
la frescura
la fuerza.
Solamente saben de mí
cuando les provoco miedo;
escucháme cuanto te hablo
y si no podés
sólo probá
con acercar tus manos al oído.
II
La mañana se levanta con el sol a cuestas
por las calles deambulan, adormilados,
los limpiadores
embellecedores de calles,
también el hombre lleva al hombre
con su tabaco entre los dedos,
sus años
les hacen ir con paciencia por las calles
toreando las bostas de los perros.
El cielo se deja ver y abre más su ojo,
las gaviotas
giran aprovechando las corrientes.
TODO SUCEDE
DOY EL SOPLO QUE NECESITAN.
III
Ciudad, ciudad, ciudad
cemento, luz artificial
nylon, computer
petróleo, máquinas
nada me pertenece.
Yo sólo
tengo el derecho
de darte el aire original
y el omega.
martes, 13 de septiembre de 2011
miércoles, 13 de julio de 2011
Coordenadas 37 grados 40’ 39’’ Norte, 4 grados 32’ 57’’Oeste
Las caminatas se tornaron interminables, no habíamos tenido contacto con nuestro adversario y si se quiere sólo habíamos oído detonaciones a lo lejos. “Esperar” era la orden, sin embargo, partimos a realizar nuevamente el reconocimiento del terreno Federico, Salvador, Paco y yo.
El sembradío se abre por el pecho de la loma que subimos. Sentimos la tierra húmeda, el sol claro dándonos en la cara, sus rayos parecían tiros a los ojos.
La tarde transcurría esplendorosa y era lo único que brillaba por esos días. El país tenía un color gris y un olor a pólvora, soñábamos, los republicanos, que esto acabaría pronto.
Paco va cantando un fandango, Salvador me muestra la foto de su hijo que le acaba de enviar su mujer, yo sonrío de ver una cara tan tierna y Federico no alcanza a decir nada, sólo recibe una bala en la cabeza y cae ya muerto en el aire. Alcanzo a ver luces pero no hay tiempo. Nos dispersamos en distintas direcciones; yo no paré y hoy, al ver la foto en este museo firmada por Cappa, tengo agrios los recuerdos.
Eduardo Atilio Romano
miércoles, 22 de junio de 2011
II
El tren continúa con su recorrido y se entremezcla cada vez más en el paisaje de la tarde que se está convirtiendo en noche. Los pájaros negros vuelan en círculos en un cielo gris y el hombre, aún más gris, observa todo. Acomodó despaciosamente sus cosas sin perder de vista a los que antes había marcado. Después los miró y los observó sentarse, no sin antes ver que verificaban el número de sus asientos, tenían el 15 y el 16, los otros estaban más atrás y habría tiempo de encargarse de ellos.
Fijó su atención en el tal Puñal y Amador. Para tenerlos más próximos se adelantó a sentarse en uno de los tantos asientos vacíos que había a dos filas atrás de ellos. El hombre, de espaldas, los escuchó hablar Sabes que tenía muy pocas ganas de venir, justo tuve que dejar de escribir el capítulo 8 de una novela que me tiene a mal traer. Amador espetó una respuesta, como para no quedarse atrás Bueno si te cuento lo mío no lo vas a creer, me llamaron ayer de una editorial de Badalona, quieren mis textos. Entonces, el perseguidor habló para sí Por dios estos tipos creyéndose escritores. Los conocía muy bien y siempre los había visto andar luciéndo el título de gran escritor. Aprovechaban todo lo que se les cruzara, encuentros literarios o alguna lectura de poemas y cualquier cosa que hacían lo trataban de hacer saber a los medios, que de alguna manera le hacían el cuento porque éstos saben bien con los bueyes que aran. Apretujó sus puños, después aflojó las manos y metió la derecha con la intención de buscar algo. Tanteó el fondo del portafolio y extrajo una cuerda prolijamente enrollada para después guardarla en uno de los bolsillos del pantalón.
El vagón del tren presentaba un aspecto solitario, desierto. Pocos son los que toman este tren al centro-norte del país. El trayecto es sinuoso y colorido de día pero con la oscuridad se torna hostil. La noche se apoderó del paisaje y de los pasillos, se apagaron las luces, sólo titilan las lucecitas de los baños y los pocos viajeros se disponen a dejarse llevar por el tren y por el sueño.
El vagón del tren presentaba un aspecto solitario, desierto. Pocos son los que toman este tren al centro-norte del país. El trayecto es sinuoso y colorido de día pero con la oscuridad se torna hostil. La noche se apoderó del paisaje y de los pasillos, se apagaron las luces, sólo titilan las lucecitas de los baños y los pocos viajeros se disponen a dejarse llevar por el tren y por el sueño.
José continuaba con su charla de gran escritor y al rato hizo un alto y dijo que tenía que salir a descargar un poco los riñones y se dirigió atrás, al baño. El tren continuaba con su marcha, y las luces de otro que venía de frente lo pusieron todo blanco. El perseguidor sintió perderse en esa ceguera, en esa sinrazón y continuó, midiendo sus pasos siguió al que se había levantado y justo antes de llegar a la puerta le acomodó la soga al cuello y lo estrujó, sin darle tiempo a deletrear ninguna palabra, sólo tuvo la posibilidad de hacer el ademán de levantar las manos y querer defenderse de algo que no espera. Tensó más la cuerda, cerró la puerta y esperó un rato más para dar por terminada su faena. Por seguridad, le hizo un nudo ciego un poco más arriba de la nuez y le dislocó aún más el cuello. Lo dejó con la cabeza cruzada, y lo acomodó sentado en el inodoro. Después el hombre, sin más, volvió a su lugar.
Pasado un rato, Edgardo se entretenía hablando por teléfono Pero Montse, si sábes que son sólo cuatro días que estoy fuera de casa, no te preocupes que después voy al despacho y lo arreglamos todo.
El hombre estaba agazapado esperando algún movimiento, antes había sacado su estilográfica y se disponía a escribir la novela o por lo menos a eso era lo que aspiraba .Sostenía el cuaderno borrador en sus manos intentando dar sus primeras líneas y se vislumbraba un reflejo cortante en la mesita del asiento del tren. La luna y las ventanas abiertas delataban la extraña presencia.
Edgardo seguía con su parloteo Bueno no seas tan alarmista, viste que todo en esta vida tiene solución menos la muerte así que espera y ya lo solucionamos… mira tengo que cortar...Voy a ver qué pasa con Jose... hace más de veinte minutos que se fue al lavabo y no regresa… Joder, ya veo que otra vez tengo que ayudarle con sus ataques de ansiedad.
Edgardo seguía con su parloteo Bueno no seas tan alarmista, viste que todo en esta vida tiene solución menos la muerte así que espera y ya lo solucionamos… mira tengo que cortar...Voy a ver qué pasa con Jose... hace más de veinte minutos que se fue al lavabo y no regresa… Joder, ya veo que otra vez tengo que ayudarle con sus ataques de ansiedad.
En la oscuridad de los dos asientos de atrás el hombre sostiene su estilográfica y víctima del resplandor que le provocaron las luces, escribe alucinado El sacó su 45 y le descerrajó nueve tiros en la cabeza, hasta vaciar el cargador en un descampado del barrio Maravilla. Nadie oyó nada. Cuando se dió cuenta que estaba bien muerto el muerto, miró a su alrededor para observar si algún chismoso asomaba la cabeza pero nada, ni las almas se atrevían a mirar. Los perros, que era lo más lógico que salieran al encuentro de los ruidos, estaban muertos de miedo y, además, las fiestas de navidad, fin de año y carnaval habían hecho estragos en ellos, así que al menor ruido estaban debajo de la cama.
Guardó el arma haciendo jueguitos al estilo cowboy, pero como no tenía cartuchera la metió entre medio del cinto y su panza que daba atisbos de empezar a engordar demasiado. Se acercó al muerto, lo escupió y le dio una patada en las costillas muertas y no tuvo reparos en detenerse a desenganchar el papel que le veía en su mano derecha. Todo había comenzado seis años antes, un 24 de marzo de 1977, en medio del ruido de las sirenas por el toque de queda y el de los allanamientos en diversos puntos de la ciudad, Jorge tuvo que irse en su fitito enfilando dirección al monte. Tenía que pasar a las sombras esa noche.
El barrio dónde vivía tenía tres calles largas que iban a morir a un cancha de fútbol, la calle del medio era la suya justo en un pasaje que comenzaba frente a una manzana alambrada poblada de inmensos troncos que eran la comida del aserradero del frente. Calles de tierra polvorienta en el verano y secas en invierno como la vida en esa parte de la ciudad. Jorge había llegado del sur hacia ya un buen tiempo, antes de los setenta.
De nuevo la luz penetrante le hace soltar la estilográfica y ponerse alerta, Edgardo acaba de dejar su móvil dentro de los bolsillos de la campera. Dirige su mirada y pasos en dirección al lavabo, sin percatarse de la sombra que lo sigue. No hay nada a qué temer y menos en un tren y en un país tan seguro, pensaba. Se acercó a la puerta y extrañamente, para él, estaba el cartelito de libre cuando se dispuso a entrar para ver si estaba su amigo sintió que entró él también a ese territorio frío y sanguinolento del que hablan sus relatos. De cabo a rabo incrustado el metal en su terso cuello burgués. El perseguidor no le dio la menor posibilidad de emitir un grito, lo empujó adentro y le atravesó la ropa una y otra vez cociéndolo a puñaladas.
El otro cuerpo inmóvil daba muestras de que la muerte le había aflojado los esfínteres, sin importarle, y en medio de la mierda reinante, le puso encima a este otro un poco más caliente. Tuvo el cuidado necesario de no ensuciarse los zapatos y después dirigió sus manos al lavatorio y se limpió las manchas. Antes de salir dejó puesto el cartel de ocupado. Afuera nadie rondaba por el vagón, sólo la luz roja le señalaba desde atrás pero estaba muda.
lunes, 7 de marzo de 2011
ÚLTIMOS ESTERTORES
I
Escondió la lapicera entre las cosas del portafolio que cargaba y se dispuso a subir, saltó desde el andén y se colgó de las agarraderas, ahí se detuvo y miró cerciorándose de que subieran todos. El uno de pantalón de vestir y chaqueta de pana lila, zapatos a tono y por encima unos bigotes y anteojos que le daba un aire intelectual. El otro estaba más life, de vaquero y una camisa de algodón roja con una campera azul desgastada.
El uno se llama José Amador y el otro, Edgardo Puñal, escritores de poca monta, se habían dado a conocer escribiendo algunos relatos sanguiñolientos, con un excesivo sentido de la creación de espacios trillados; sus protagonistas eran desquiciados o policias retirados ligados a la mafia; el primer novelista armaba a su personaje principal con un cuchillo de unos veinte centimetros de hoja y el otro, paradójimamente, le enfundaba una 45, recuerdo de sus años como policia y guardia de seguridad según lo que contaba su autor.
También esperó que el resto tomara el tren; estaban a unos veinte metros más atrás, aunque eran del mismo gremio se ve que no se aguantaban porque subieron por la puerta que estaba más lejos de ellos. Escritores que se ufanaban por mostrar sus creaciones literarias referidas al bajo mundo, al mundo que sin duda nunca conocieron y si saben algo de él será porque se lo han contado, lo han visto en películas o lo leyeron en la universidad donde aprehendieron el oficio. Estaba seguro que eran hijos de papá y niños buenos avenidos a un mundo en que les da morbo la forma de matar, la forma de estrujar a las víctimas que tienen los asesinos que ellos crean.
Antes, los tres, habían tomado unas cervezas en el bar La amistad que está al frente de la estación; allí hicieron un diagrama de las actividades que iban a realizar. Manuel vas a dar la conferencia junto al nabo de Vallecas pero bueno,....., es una buena hora y no viene mal hacerse amigo ... tiene contactos en Madrid y podría conseguirte buenos editores. Manuel Santos vislumbraba entre sus pupilas el deseo de ser reconocido como gran escritor pero los esfuerzos que hacía no tenían efecto en ninguna editorial de renombre y por eso siempre anduvo pagándose las ediciones de sus libros; iba por el sexto y nada. Así es Juan, espero contactar con alguien porque sino lo único que me queda es participar para el próximo año en el concurso europeo de novela negra, el de Estocolmo. Juan Macías, era el mejor de los tres, nacido de una familia burguesa, universitario y con un trabajo de profesor de filología hispánica, todo esto nos demostraba que él sí podía escribir buenas novelas, la crítica lo tenía en la mira y estaba listo para dar el gran salto pero aunque fuera el que escribiera mejor, sus libros tenían un aire muy intelectual y se notaba que hacía falta algo más en sus palabras, algo que le permitiera emocionar al lector y no ser tan superficial. El tercero en discordia, Jordi Pons, era más bien parco, callado y sus novelas tampoco habian sido muy agraciadas por la crítica, en síntesis podría decirse que su segundo apellido era fracaso; este observaba a sus compañeros y al papel del programa de actividades y comentó de acuerdo con los otros Por lo visto estamos en días distintos y eso nos viene bien para que podamos estar presente en cada una de nuestras conferencias y de paso, como dices Juan, hacemos sociales. Terminaron las últimas gotas de cerveza, mientras la música del bar los animaba a emprender la marcha, pidieron la cuenta y apagaron los tres cigarros al unísono; luego, se abrieron paso entre la gente que había en el bar, llegaron a la esquina, esperaron el verde para cruzar la calle esquivando los transeúntes, los taxis y llegaron a la estación. Debían tomar el tren de las seis y faltaban 10 minutos, apuraron los pasos bajando las escaleras mecánicas y chocaron con el andén, de reojo miraron al costado derecho y vieron cómo subían José y Edgardo y prefirieron estar lejos, unos veinte metros más atrás.
La tarde agonizaba y daba sus últimos estertores, aunque desde los andenes no se observaba el cielo, se intuía, que la luna de agosto se dibujaba, y que afuera lo celeste era atacado por las gaviotas de la ciudad. El tren partía de la estación central y empezaba a descontar los kilómetros de destino.
El hombre que había observado todo, hizo un ademán con su mano derecha como queriendo asistir a un beneplácito personal; todo está como el quería, y por eso se aseguró de que ninguno se arrepintiera a último momento, entonces empujó con fuerza su cuerpo para el interior del tren y abandonó las agarraderas que le habían servido de apoyo, hizo dos pasos y estaba en medio del vagón, dejó a sus conejitos ubicarse y él hizo lo propio, ahora llegaba el tiempo de la espera.
Escondió la lapicera entre las cosas del portafolio que cargaba y se dispuso a subir, saltó desde el andén y se colgó de las agarraderas, ahí se detuvo y miró cerciorándose de que subieran todos. El uno de pantalón de vestir y chaqueta de pana lila, zapatos a tono y por encima unos bigotes y anteojos que le daba un aire intelectual. El otro estaba más life, de vaquero y una camisa de algodón roja con una campera azul desgastada.
El uno se llama José Amador y el otro, Edgardo Puñal, escritores de poca monta, se habían dado a conocer escribiendo algunos relatos sanguiñolientos, con un excesivo sentido de la creación de espacios trillados; sus protagonistas eran desquiciados o policias retirados ligados a la mafia; el primer novelista armaba a su personaje principal con un cuchillo de unos veinte centimetros de hoja y el otro, paradójimamente, le enfundaba una 45, recuerdo de sus años como policia y guardia de seguridad según lo que contaba su autor.
También esperó que el resto tomara el tren; estaban a unos veinte metros más atrás, aunque eran del mismo gremio se ve que no se aguantaban porque subieron por la puerta que estaba más lejos de ellos. Escritores que se ufanaban por mostrar sus creaciones literarias referidas al bajo mundo, al mundo que sin duda nunca conocieron y si saben algo de él será porque se lo han contado, lo han visto en películas o lo leyeron en la universidad donde aprehendieron el oficio. Estaba seguro que eran hijos de papá y niños buenos avenidos a un mundo en que les da morbo la forma de matar, la forma de estrujar a las víctimas que tienen los asesinos que ellos crean.
Antes, los tres, habían tomado unas cervezas en el bar La amistad que está al frente de la estación; allí hicieron un diagrama de las actividades que iban a realizar. Manuel vas a dar la conferencia junto al nabo de Vallecas pero bueno,....., es una buena hora y no viene mal hacerse amigo ... tiene contactos en Madrid y podría conseguirte buenos editores. Manuel Santos vislumbraba entre sus pupilas el deseo de ser reconocido como gran escritor pero los esfuerzos que hacía no tenían efecto en ninguna editorial de renombre y por eso siempre anduvo pagándose las ediciones de sus libros; iba por el sexto y nada. Así es Juan, espero contactar con alguien porque sino lo único que me queda es participar para el próximo año en el concurso europeo de novela negra, el de Estocolmo. Juan Macías, era el mejor de los tres, nacido de una familia burguesa, universitario y con un trabajo de profesor de filología hispánica, todo esto nos demostraba que él sí podía escribir buenas novelas, la crítica lo tenía en la mira y estaba listo para dar el gran salto pero aunque fuera el que escribiera mejor, sus libros tenían un aire muy intelectual y se notaba que hacía falta algo más en sus palabras, algo que le permitiera emocionar al lector y no ser tan superficial. El tercero en discordia, Jordi Pons, era más bien parco, callado y sus novelas tampoco habian sido muy agraciadas por la crítica, en síntesis podría decirse que su segundo apellido era fracaso; este observaba a sus compañeros y al papel del programa de actividades y comentó de acuerdo con los otros Por lo visto estamos en días distintos y eso nos viene bien para que podamos estar presente en cada una de nuestras conferencias y de paso, como dices Juan, hacemos sociales. Terminaron las últimas gotas de cerveza, mientras la música del bar los animaba a emprender la marcha, pidieron la cuenta y apagaron los tres cigarros al unísono; luego, se abrieron paso entre la gente que había en el bar, llegaron a la esquina, esperaron el verde para cruzar la calle esquivando los transeúntes, los taxis y llegaron a la estación. Debían tomar el tren de las seis y faltaban 10 minutos, apuraron los pasos bajando las escaleras mecánicas y chocaron con el andén, de reojo miraron al costado derecho y vieron cómo subían José y Edgardo y prefirieron estar lejos, unos veinte metros más atrás.
La tarde agonizaba y daba sus últimos estertores, aunque desde los andenes no se observaba el cielo, se intuía, que la luna de agosto se dibujaba, y que afuera lo celeste era atacado por las gaviotas de la ciudad. El tren partía de la estación central y empezaba a descontar los kilómetros de destino.
El hombre que había observado todo, hizo un ademán con su mano derecha como queriendo asistir a un beneplácito personal; todo está como el quería, y por eso se aseguró de que ninguno se arrepintiera a último momento, entonces empujó con fuerza su cuerpo para el interior del tren y abandonó las agarraderas que le habían servido de apoyo, hizo dos pasos y estaba en medio del vagón, dejó a sus conejitos ubicarse y él hizo lo propio, ahora llegaba el tiempo de la espera.
jueves, 17 de febrero de 2011
L'AVIA
Miro al fondo de sus ojos:
hay inmensidad
y fuego.
Sé que estoy en otro punto
de la historia
pero me aferro a esa luz que se está
transfigurando
a esa esquina
que se aleja
y despacio
me dice adios,
como un latigazo suena la palabra;
aún así voy
me siento en sus faldas
y me acurruco
esperando volver a mirar el barrio maravilla
mi mundo
el mundo
lo perdido.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Primera Conversa amb el poeta
Cae el agua negra en la taza y con ella se condensa lo que fue hace un tiempo el hablar de los escritores. Es el último, y está aquí a la orilla del bar, mirando la calle caminar y transcurrir igual que sus años.
La tarde se adentra por la puerta, y comenzamos a hablar de cómo la vida nos va metiendo en su saco. Maestro, que significa escribir. Hizo un leve movimiento de labios pero no esbozó ninguna palabra, se detuvo un momento para repensar la respuesta Escribir es vivir mi amigo. Ahora salen tantos changos jóvenes y no tan jóvenes; catedráticos, investigadores... tratando de hablar de literatura en base a teorías, incluso se toman un vino y creen que se han vivido y experimentado todo. La escritura, lo que yo considero escritura, no es eso. Parece que la moda es hablar un poco del margen también; bueno entre amigos nomás, digamos; cómo es hablar de la orilla que creo que sería el término correcto... y como te decía... creen que hablando de la orilla están transgrediendo algo. Mientras trato de beber el café y sus palabras, espero que ese instante se meta más en mi cabeza y se quede como sellado. Traté de arrebatarle a mis pensamientos una pregunta para hacerselá a mi amigo y poeta, incluso esgrimí un tu en el trato (un vos) No creés que tienen derecho a pensar así, que lo tenemos que poner todo en tela de juicio y que si nos trasladamos a otro ámbito en el análisis podemos encontrar respuestas? Removió un poco el cortado, y lo acerco a su boca para bebérselo de un trago como si bebiera un buen vino. Claro mi amigo, en la escritura siempre está la búsqueda de esa palabra justa, no hay preceptos que valgan y si algo esta establecido hay que dudar de ello. Pero lo que no se puede hacer es criticar sin fundamento. Las vanas críticas no construyen nada ni tampoco destruyen, son pura charlatanería y es puro sofismo con el perdón de los sofistas. Siempre había pensado que los escritores eran seres a los que nunca se los podía contradecir pues pensaba que eran los poseedores de la verdad. Entonces maestro sino tenemos reglas para escribir todo vale hoy día. Masticó un poco antes su respuesta y dijo No chango, todo no vale en la literatura. Por supuesto que cada uno es libre de escribir como quiera pero hay que tener en cuenta que esto no es un cuento de niños; debemos sacarnos la máscara que nos pone la sociedad, las instituciones, la cultura, debemos saber interpretar el mundo en que vivimos solamente por salud mental, que no nos cierren la cabeza y nos den todo como preconcebido... la escritura nos debe hacer reflexionar. Eso lo había escuchado ya antes Entonces deberíamos ir pensando en que lo que ahora tenemos como escritura en nuestro contexto es algo que se puede remover? En eso vino el mozo nos trajo un poco de soda y le dije que era mejor que trajera un par de cervezas, para ir calentando el ambiente. Sí lo difícil es escapar a toda esa ola de escritos que pululan por las librerías, novelas como las de Reverte, Dan Brown, Ken Follet... que no hacen más que responder a una clase de público.. que busca pasar bien el rato con aventuras o búsquedas de enigmas y que se yo tanta historia... novelas que desde hace muchísimo se escriben... no leíste Sandokan?... el Conde de Montecristo?... y si querés ir más atrás podés hacerlo. Cuando el maestro decía esto a mí se me venían a la memoria las historias de las revistas Intérvalo... Nippur, Gilgamesh el inmortal y hasta Condorito... en mi último viaje por esas cosas de las primeras lecturas me compré una revista Condorito e intentaba poder reírme como en aquellas épocas pero no tuvo efecto. ¿Acaso los mismos escritores de aquí se han leído algo, leen a sus coetáneos aunque sea por amistad? ¿podés preguntarles? ... si seguro que hay excepciones...La tarde ya no existe por las calles, ya no se ve la vereda del bar ni la plaza; sólo las luces de los focos. El mozo regresa de nuevo...ya con un par de copas de coñac... entonces empezamos a hablar de cosas triviales... de los amigos en común, del último clásico, de esta política asistencialista y tercer mundista que tenemos, aunque aquí la podríamos llamar feudal o caudillesca.
martes, 9 de noviembre de 2010
CAMINATA
El hombre camina y no sabe hacia dónde... se dirige al trabajo, a sus tareas diarias: la oficina, el cafecito con sus compañeros, en fin ... los problemas diarios a resolver. El trayecto que le depara entre su soledad y el hastío se halla en el camino a esa oficina.... camina..... y en esos minutos muertos sabe que va hacia ese lugar, hacia un sin sentido.... otra vez el mismo rebuznar de voces en la oficina. Los mismos dientes sonrientes de los compañeros que a veces se parecen a espadas o a comillos sedientos... sin embargo va atornillado al tiempo que le dice "no hay otra, tienes que hacerlo... vive" .... continúa caminando.....La mañana siente sus pasos y se esconde a observarlo detrás de un ciprés, el que adorna al cementerio, el cementerio de la vida y el de sus pasos.
Él se resiste a este rechinar de dientes, a este dolor de ser hombre, de sentirse vivo. No gesticula, sólo piensa y en sus enmarañadas sucesiones de imágenes afloran los recuerdos de chico jugando, detrás del regador en una tarde polvorienta del barrio, también ve a toda la gente de su cuadra. Sus pasos son más etéreos, nada presagia lo que vendrá ahora, sin embarbo el bolsillo del pantalón deja entreveer algunas hojas dobladas.
El día anterior estuvo escribiendo sobre la posibilidad que tiene el lector de indagar en la mirada de un escritor respecto a lo que significa la literatura, si hay que tomarla desde el punto de vista del contexto social, si es importante arriesgar una conclusión a su filiación de clase, una historia que le atrapa con todos sus matices... cosas que en definitiva lo hacen los críticos, el cánon... y que él estaba dispuesto a estudiar, pues su sueño era ser un gran escritor pero dudaba... estaba en la disyuntiva de creerse eso o solamente dejar volar su pluma y lograr un estilo que lo liberase de luchas de clases, hambrunas, revoluciones, no escribir sobre los saharauis occidentales, ni siquiera pensar en Irak, la Eta o la Farc, ni escribir sobre los mounstruos que se encuentran en sus casas succionando niños... para qué? ... sólo quería pensar que lo que escribe lo redime y lo salva, así como alguna vez un viaje al centro de la tierra o veintemil millas de viaje submarino, lo salvaron, quería saber si era capaz de escribir algo que signifique eso; pero mientras... el omnibus pasa, un grillo canta a la vera del verano que se aproxima, dos pájaros se juran amor en medio de los matorrales de una cárcel, el ruido del taller mecánico sigue su ritmo habitual, un loco salta la muralla de sus pensamientos y el tiempo... y este papel yace en un charco que envuelve todo de rojo y tinta.
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