jueves, 17 de septiembre de 2009

TARDOR

TARDOR

Sólo hago el ejercicio habitual para poder desperezar los dedos... no tengo nada que decir. Aunque podría decirles que estamos a principios de otoño por estos lados, que el aire es el mismo pero no la gente o tal vez... la gente sea igual en todos lados, que hay un terrible ruido de coches que se mete por el balcón y perturba mis dedos que intentan escribir este texto.

Estoy fuera de la rutina del trabajo; en la casa, pero al hacer el camino de vuelta para aquí me encontré al hombre de la plaza que escucha todas las tardes su vitrola, carraspea su caja de madera y le da vueltas y vueltas a esa cuerda. Pone a tono la música con éstas tardes de hojas secas y sus discos suenan en contra del tiempo, un día lo escuché a Gardel, otro a Rodrigo y hace poco a Yupanqui, me pregunto ¿serán señales de distancia? Cierro el puño, el corazón y me dispongo a tomar el metro para llegar a casa.

Ahora estoy aquí tratando de poder atrapar algunos instantes, restos de vida en un papel electrónico y sin embargo sigo sentado frente al ordenador sin poder decir nada. En la sala están mudos una guitarra, unas ollitas de barro de Cafayate, un paisaje de Salta y una caja que intenta cantar una baguala pero todos están como yo, a la intemperie.

Eduardo Atilio Romano, setiembre, 2009.

1 comentario:

  1. A veces a todos nos pasa eso de sentirnos a la intemperie...

    Un abrazo,
    Martina

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